¿Qué pasa si tu contenido está hecho con IA?

Un directivo me hizo esta pregunta hace unos días, en una charla, entre café y café:

¿Esto de la marca personal también lo puede hacer el ChatGPT?

Le dije que sí. No se lo esperaba. Y seguí: probablemente mejor que muchos de los que cobran por ello.

Le extrañó mi respuesta. Hizo una mueca que interpreté como “¿en serio?

Lo puedes escuchar en el episodio 255 del pódcast Todo deja Marca en Spotify, Apple Podcast, Amazon Music, YouTube Podcast, iVoox o Pocket Casts.

La pregunta de Andrés Pérez Ortega

Mi colega y amigo Andrés Pérez Ortega lleva en esto de la marca personal tanto o más tiempo que yo. Ha sido y es mi gran mentor. Hace pocos días, en un almuerzo en Madrid, me disparó una de esas preguntas que dan que pensar:

¿Qué pasa cuando todo el mundo usa la misma herramienta para escribir? ¿Qué queda cuando el bolígrafo es idéntico en todas las manos?

Yo la retuve, me la quedé. Y hoy la recupero para este blog.

Aquí hago un apunte, porque no quiero que se me malinterprete. No estoy en contra de la IA. La uso a diario, como quien usa un bolígrafo. Con un matiz:

Un bolígrafo, por bueno que sea, no ha escrito un libro en su vida.

Hecho el apunte, vuelvo a Andrés y a su pregunta.

La cosa no está en la herramienta

Haz un ejercicio sencillo: Abre LinkedIn un martes cualquiera. Cuenta los posts que suenan igual: mismo gancho inicial, misma estructura, mismo cierre con pregunta abierta. ¿Cuál es el pero? Que todos son correctos, pero también intercambiables y, por supuesto, prescindibles.

Un CEO con el que trabajo en executive branding lleva tiempo quejándose de eso mismo, de que todo el contenido suena igual, huele igual, sabe igual. Y, de acuerdo, tiene razón en el síntoma, pero se equivoca en el diagnóstico.

El problema no es que usemos todos la misma IA. El problema es que muchos, antes de la IA, tampoco tenían mucho que contar.

La herramienta solo ha hecho más rápido, y más visible, ese vacío.

¿Es malo usar IA para escribir? No. Lo malo es que lo que te propone la IA sea lo único que tengas que decir.

Lo que ninguna máquina ha vivido

Tu experiencia no nace de un prompt, no eres un robot. El CEO que te llamó una noche porque la junta acabó mal. La crisis que salvaste con dos ideas y una conversación difícil. La reunión en la que tuviste el valor de decir NO en vez de asentir con la cabeza.

La IA puede imitar tu voz, pero no puede vivir tu vida.

Esa frase suena bonita, lo sé, y también duele. Detrás esconde algo muy poco romántico para cualquier directivo: si tu experiencia no se crea, tampoco se puede copiar. Y eso es lo único que sigue valiendo la pena en un mercado repleto de contenido asistido.

Tu autoridad no es cuestión de estilo, es tu historia

Aquí es donde la conversación se tuerce hacia lo estético (el tono, la voz, el «suena mucho a IA») y se olvida de lo importante.

Lo que te diferencia no es cómo suena tu texto, o si huele a IA. Es lo que ese texto demuestra que sabes, que has decidido y que has pagado por aprender, muchas veces a un precio alto.

A eso lo llamo autoridad intelectual: la suma de decisiones tomadas, errores reconocidos y criterio propio que nadie puede crear por ti, ni siquiera el modelo más avanzado de IA del mercado. 

La IA puede poner en bonito esa autoridad, pero necesita tirar de tu experiencia.

La pregunta adecuada

Ahora llega lo que Andrés me hizo entender. Empezaba con la pregunta: ¿Qué pasa si tu contenido está hecho con IA?

Pero la gran pregunta es: si quitaras la IA, ¿queda algo que merezca la pena leer?

Si la respuesta es sí, usa la IA sin remordimientos. Te ahorra horas que puedes dedicar a pensar, no a teclear.

Si la respuesta es no, ten claro que el problema nunca es de la máquina. Es del vacío que rellena de forma automática la máquina. Y ese vacío no lo resuelves cambiando de ChatGPT a Claude, no es la herramienta, lo arreglas teniendo algo TUYO que contar antes de sentarte a escribir.

Una buena praxis (aunque sea un rollo) antes de publicar

La próxima vez que tengas un post, un correo, una conferencia a medio terminar, prueba esto. Tapa el texto y pregúntate qué has vivido tú, exactamente, que dé sentido a esas líneas. Una verdad verdadera. Una decisión dura. Un nombre, aunque sea el de un cliente que prefieras no revelar (lo cambias, no hay problema).

Si no encuentras nada de eso, sabrás que no es un problema de redacción. Es que todavía no tienes el post, el correo, la conferencia, solo tienes el espacio donde debería ir.

De dónde viene esta conversación

Esta discusión no nació con ChatGPT. Ya sabes que llevo años rondando el branding personal y ejecutivo, desde que las herramientas de autopublicación (blogs, podcasts…) empezaron a facilitar que cualquiera pudiera mostrar su “expertise” en lo suyo.

Usa la IA, claro que sí. Yo lo hago. Pero asegúrate de que lo que explique sea tuyo, aunque lo teclee ella. Es tu secretario, no tu cerebro.

Y, para cerrar, te dejo algunas preguntas -y respuestas- que quizás te pueden ayudar. 

Preguntas frecuentes sobre IA y marca ejecutiva

¿Puedo usar IA para escribir mis posts sin que se note?

La pregunta correcta no es si se nota. Es si, cuando se note (y se nota), lo que queda debajo aguanta. La IA te puede dar estructura y ritmo. Lo que tú aportas es el hecho concreto, la decisión real, el nombre propio que solo tú puedes poner encima de la mesa.

¿La IA puede sustituir mi criterio como directivo?

No, y aquí no hay matiz posible. La IA no ha estado en tu comité de dirección, no ha tomado la decisión que te costó un cliente, no ha dormido mal la noche antes de un despido. Puede ayudarte a explicar tu criterio con más claridad. No puede tenerlo por ti.

¿Cómo sé si mi voz se está perdiendo en el proceso?

Te doy una prueba rápida: lee en voz alta lo que vas a publicar. Si no reconoces cómo hablas tú, algo se ha desviado. La IA tiende a suavizar aristas, y las aristas suelen ser lo más tuyo que tienes.

¿Debería avisar que uso IA para escribir?

Depende de qué entiendas por avisar. Yo NO pongo una nota al pie diciendo «esto lo redactó una máquina», como tampoco un escritor firma «esto lo mecanografió un ordenador». Lo que sí hago, siempre, es firmar con hechos que solo yo puedo firmar. Esa es la única transparencia que de verdad importa.

¿Qué parte del proceso conviene no delegar nunca?

La decisión sobre qué explicar. La IA puede ayudarte a decir mejor algo que ya has decidido decir. No puede decidir por ti qué merece explicarse, ni por qué tu experiencia es relevante para quien te lee. Eso sigue y seguirá siendo tu trabajo.

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