Cuando el reconocimiento llega tarde… pero llega

Hoy comparto una historia de éxito que, aunque haya tardado en llegar, es un canto a la justicia poética. Es la historia de una mujer y un hombre que, después de haber salvado innumerables vidas, finalmente han sido galardonados con el Premio Nobel de Medicina.

Esta historia nos recuerda que desafiar el status quo a veces conlleva un castigo desproporcionado, pero con el tiempo puede dar frutos tan valiosos como el Premio Nobel. Este es el caso de Katalin Karikó y Drew Weissman, pero ha habido muchos casos en la historia cuyo reconocimiento no vivieron los autores, como Nikola Tesla, Rosalind Franklin, Ada Lovelace, Alan Turing o Frida Kahlo de los que también trato aquí. 

Aquí puedes ver un «teaser» en vídeo de un minuto.

Lo puedes escuchar en el episodio 145 del pódcast Todo deja Marca en iVoox, Apple Podcast, Spotify, Amazon Music o Google Podcast.

La historia de Katalin Karikó y Drew Weissman

Katalin Kari y Drew Weissman, merecidos ganadores del Nobel de Medicina o Fisiología en 2023, han dedicado sus vidas a la investigación del ARN mensajero, una investigación que ha sido fundamental para el desarrollo de la tecnología que ha dado origen a la última generación de vacunas y que promete revolucionar otros campos de la medicina.

Junto con el agua potable y los antibióticos, las vacunas son uno de los avances más significativos en la historia de la salud humana. A pesar de tener solo 200 años de historia, la tecnología de las vacunas ha evolucionado constantemente para protegernos de enfermedades que antes eran casi mortales. Este año, el Premio Nobel de Medicina o Fisiología 2023 ha reconocido el avance más reciente: las investigaciones que han hecho posible la vacunación mediante ARN mensajero.

Katalin Karikó y Drew Weissman
Katalin Karikó y Drew Weissman / Peggy Peterson photography

Una espera larga, larga

En 1982, Katalin Karikó obtuvo su doctorado en bioquímica en el Centro de Investigación Biológica de Szeged. Desde su infancia, destacó como una brillante científica y recibió premios en biología. Su doctorado la llevó a la cúspide de sus estudios, pero en 1985, debido a dificultades burocráticas, su laboratorio dejó de financiarse.

Afortunadamente, encontró un puesto en otra universidad en los Estados Unidos, lo que la llevó a emigrar junto a su esposo y su hija de dos años desde la pequeña ciudad húngara hasta Filadelfia.

Katalin Karikó está casada con Béla Francia. En 1985 emigraron de Hungría a Filadelfia, con su hija Susan Francia de dos años, y debido a que estaba prohibido por el gobierno comunista de la época sacar más de 100 dólares del país, debieron esconder todo el dinero que poseían, 1.246 dólares estadounidenses, en un osito de peluche.

En Estados Unidos, Katalin comenzó a explorar una molécula fascinante: el ARN mensajero o ARNm. Esta molécula es esencial para transmitir información desde el núcleo de las células a otras partes, indicando qué proteínas deben producirse para mantener la salud. Lo asombroso es que al editar el ARNm, se puede instruir a las células para que produzcan prácticamente cualquier proteína.

Katalin soñaba con las aplicaciones terapéuticas del ARN mensajero, que tenía un potencial inmenso en diversos campos de la medicina, desde el tratamiento del cáncer hasta las enfermedades genéticas. Sin embargo, sus solicitudes de financiamiento fueron rechazadas una y otra vez debido a la novedad de su enfoque. A pesar de los obstáculos, persistió en su búsqueda y finalmente, en 1997, se cruzó con Drew Weissman, otro apasionado por el ARN mensajero y su potencial revolucionario en la medicina.

Cómo funcionan las vacunas

Todas las vacunas funcionan gracias a nuestro sistema inmunológico. Reconocen sustancias externas como amenazas y las eliminan, lo que permite al cuerpo recordar cómo enfrentar esas amenazas en el futuro.

Las primeras vacunas utilizaban microorganismos atenuados para inducir inmunidad. Aunque efectivas, tenían riesgos. Con el tiempo, se desarrollaron vacunas que empleaban solo partes de los microorganismos para reducir los efectos secundarios, pero a menudo requerían dosis de refuerzo.

El milagro de la lipofectina

En 1997, Katalin continuó investigando el ARN mensajero. Descubrió que aunque podía dar instrucciones a las células, estas a menudo no las seguían. La solución llegó mediante experimentos con una pequeña partícula de grasa cargada eléctricamente llamada lipofectina, que permitió transportar ARN modificado al cerebro de una rata. Al agregar una cola poli-A al ARN, logró que las células produjeran una enzima que hacía que el cerebro de la rata brillara, un descubrimiento que señalaba un prometedor futuro.

Debes centrarte en las cosas que puedes cambiar

Katalin Karikó

Modificando las instrucciones en el ARN, tanto Katalin como Drew observaron que el sistema inmunológico podía detectarlas, simulando una respuesta similar a la vacunación. Sin embargo, utilizar el ARN como terapia resultó complicado debido a su vulnerabilidad y la respuesta inmunológica. Pero la perseverancia y la creación de una empresa les brindaron los recursos para continuar.

El estudio que condujo al Nobel

El reto estaba en evitar la inflamación. Modificando sutilmente la estructura química del ARN, lograron engañar al sistema inmunológico, permitiendo que el ARN llegara a su destino sin desencadenar una respuesta inflamatoria.

La verdadera prueba llegó con la pandemia de COVID-19. Grandes compañías biotecnológicas, como Moderna o Pfizer-BioNTech utilizaron la tecnología desarrollada durante 30 años para fabricar vacunas que salvaron innumerables vidas. Esta historia demuestra cómo un avance científico puede cambiar el mundo y subraya la importancia de la inversión a largo plazo en investigación.

Una verdad incómoda

La historia de Katalin también revela una verdad incómoda: el sistema académico a veces puede restringir el potencial de las mentes más brillantes. Afortunadamente, su perseverancia y esfuerzo incansable la llevaron a recibir el merecido Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 2023, un reconocimiento tardío pero plenamente merecido. A lo largo de su carrera, ha cosechado más de 100 premios, demostrando que la determinación y la pasión pueden superar cualquier obstáculo.

Puedes ampliar la info sobre el hallazgo y el premio de Katalin Karikó y Drew Weissman aquí: 

Los grandes olvidados del sistema

Aquí te dejo a 10 personas que contribuyeron a mejorar la humanidad y que murieron en el olvido, como el gran pintor Vincent Van Gogh:

10 personas que contribuyeron a mejorar la humanidad y que murieron en el olvido

Nikola Tesla, murió solo y endeudado

Nikola Tesla (1856-1943): Fue un inventor, ingeniero y físico serbio-estadounidense que desarrolló numerosas innovaciones en el campo de la electricidad, el magnetismo, la radio, la robótica y la energía alternativa. Entre sus inventos se encuentran el motor de inducción, la corriente alterna, el control remoto, el rayo de la muerte y la bobina de Tesla. Murió solo y endeudado en un hotel de Nueva York, sin recibir el reconocimiento ni los beneficios económicos por sus aportaciones.

Gregor Mendel, dejó este mundo sin pena ni gloria

Gregor Mendel (1822-1884): Fue un monje agustino y botánico austriaco que descubrió las leyes de la herencia genética mediante sus experimentos con guisantes. Sus trabajos fueron ignorados por la comunidad científica de su época, que no entendía la importancia de sus hallazgos. Murió sin ver el impacto de sus investigaciones en la biología moderna.

Rosalind Franklin, murió a los 37 sin reconocimiento

Rosalind Franklin (1920-1958): Fue una química y cristalógrafa inglesa que realizó un papel crucial en el descubrimiento de la estructura del ADN. Sus fotografías de rayos X revelaron la forma de doble hélice de la molécula, pero sus colegas James Watson y Francis Crick se apropiaron de sus datos sin su consentimiento y publicaron el modelo del ADN antes que ella. Franklin murió de cáncer a los 37 años, sin recibir el Premio Nobel que se otorgó a Watson, Crick y Wilkins en 19623.

Ignaz Semmelweis, muerto por depresión

Ignaz Semmelweis (1818-1865): Fue un médico húngaro que descubrió que la fiebre puerperal, una infección que causaba la muerte de muchas mujeres tras dar a luz, se podía prevenir con el simple gesto de lavarse las manos. Sus colegas se burlaron de su teoría y rechazaron su práctica, lo que le llevó a una profunda depresión. Murió en un manicomio a los 47 años, víctima de una septicemia causada por una herida en la mano.

Ada Lovelace, murió sin dejar huella

Ada Lovelace (1815-1852): Fue una matemática y escritora inglesa que es considerada la primera programadora de la historia. Colaboró con Charles Babbage en el diseño de la máquina analítica, un precursor de los ordenadores modernos, y escribió el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina. Su trabajo fue olvidado hasta mediados del siglo XX, cuando se reconoció su contribución a la informática.

Alan Turing, suicidio a los 41 años

Alan Turing (1912-1954): Fue un matemático, lógico y criptógrafo británico que es considerado el padre de la computación y la inteligencia artificial. Durante la Segunda Guerra Mundial, lideró el equipo que descifró los códigos secretos nazis generados por la máquina Enigma, lo que supuso un factor decisivo para la victoria aliada. Sin embargo, su homosexualidad le acarreó problemas legales y sociales en una época en que era ilegal en el Reino Unido. Fue condenado a la castración química y se suicidó a los 41 años mordiendo una manzana envenenada.

Henrietta Lacks, salvadora que murió en la pobreza

Henrietta Lacks (1920-1951): Fue una mujer afroamericana cuyas células fueron utilizadas sin su consentimiento ni el de su familia para numerosas investigaciones médicas. Sus células, conocidas como HeLa, fueron las primeras en ser cultivadas in vitro y se han empleado para desarrollar vacunas, fármacos, clonación y terapia génica. Mientras tanto, Lacks murió de cáncer cervical a los 31 años y su familia vivió en la pobreza sin recibir ninguna compensación ni reconocimiento por su legado.

Srinivasa Ramanujan, murió de tuberculosis a los 32

Srinivasa Ramanujan (1887-1920): Fue un matemático indio autodidacta que realizó contribuciones extraordinarias en el campo del análisis, la teoría de números, las series infinitas y las fracciones continuas. A pesar de carecer de formación académica formal, sus trabajos llamaron la atención del matemático inglés G. H. Hardy, quien le invitó a estudiar en Cambridge. Sin embargo, su salud se deterioró por las condiciones climáticas y la falta de comida vegetariana, y murió de tuberculosis a los 32 años.

Rachel Carson, dejó el mundo antes de ver las consecuencias de su obra

Rachel Carson (1907-1964): Fue una bióloga marina y escritora estadounidense que alertó sobre los efectos nocivos de los pesticidas en el medio ambiente y la salud humana. Su libro más famoso, Primavera silenciosa (1962), fue un best-seller que provocó una fuerte reacción de la industria química y el gobierno, que intentaron desacreditar su trabajo. Carson murió de cáncer de mama a los 56 años, pero su obra inspiró el movimiento ecologista y la creación de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

Frida Kahlo, una obra brillante eclipsada por la de su marido

Frida Kahlo (1907-1954): Fue una pintora mexicana que plasmó en sus obras su sufrimiento físico y emocional, así como su identidad cultural y política. Su estilo, influido por el surrealismo, el arte popular mexicano y el indigenismo, se caracteriza por el uso de colores vivos, símbolos personales y autorretratos. A pesar de ser reconocida en vida por algunos críticos y artistas, su obra quedó eclipsada por la de su esposo, el muralista Diego Rivera. Kahlo murió a los 47 años, tras una serie de operaciones y complicaciones de salud.

Una conclusión en clave de marca personal

Hoy he tratado el reconocimiento tardío de dos científicos cuyos trabajos no fueron valorados en su época debido a un sesgo cognitivo de la propicia comunidad científica.

De hecho, existen multitud de pseudocientíficos terraplanistas que hoy todavía niegan la eficacia de las vacunas creadas a través del ARN mensajero. Entra en la red de los terraplanistas, X (antes Twitter) y verás a qué me refiero. 

La historia nos muestra un lado oculto. Muchas de estas personas a las que ahora veneramos murieron en la pobreza, el olvido o el exilio

También sucedió con otras personas, ingenieros, químicos, matemáticos, personas cobaya y de la mismísima Frida Kahlo, que no disfrutaron del éxito de sus trabajos en vida.

Debemos plantearnos la pregunta de si hay algún criterio objetivo para juzgar el valor de una obra, de una tesis, de un descubrimiento. Pero, sobre todo, debemos ser capaces de detectar el talento cuando surge. Eliminar sesgos, prejuicios, jerarquías, barreras, y dejar que fluya la creatividad para hacer nuestro mundo mejor, más equitativo y sostenible.

Stock photos (teddy bear) by Kidsada Manchinda on Shutterstock.com

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