La revolución digital nos ha hecho creer que la marca personal vive en la pantalla. Pero Jordi Collell y yo, Guillem Recolons, coincidimos en algo incómodo y liberador a la vez: el futuro de la marca personal no es digital, es humano.
Y cuanto más avanza la IA, más valor recuperan la reputación analógica, las conversaciones reales y el criterio propio.
Aquí tienes la entrevista completa y con subtítulos:
Y también lo puedes escuchar en el episodio 233 del podcast Todo deja Marca en Spotify, Apple Podcast, Amazon Music, YouTube, iVoox y Pocket Casts.
De la marca digital a la reputación analógica
Durante años nos hemos obsesionado con optimizar perfiles, crecer en seguidores y contar likes como si eso fuera sinónimo de marca personal. No era mentira: nacimos como disciplina al calor de Internet y las redes sociales de los 2000. Pero la irrupción de la inteligencia artificial generativa ha roto ese modelo.
Hoy cualquiera puede generar en segundos un artículo “perfecto”, una foto profesional o incluso un vídeo con su cara sin grabarse.
Esa facilidad crea una paradoja brutal: cuanto más fácil es construir una marca digital impecable, menos confiamos en ella. Lo que vuelve a tener valor es lo de siempre: la reputación analógica, tus actos verificables, tu carácter y lo que otras personas pueden avalar de ti en el mundo real.
La era de la postautenticidad
En este contexto, Jordi habla de una nueva etapa: la posautenticidad. No es el tiempo de “decir lo que piensas” sin filtro, sino de “pensar muy bien lo que dices”.
Si dijéramos todo lo que pensamos, probablemente viviríamos en guerra permanente; la clave es alinear lo que decimos con lo que somos, sin hacer daño gratuito por el camino.
La IA permite fabricar versiones “perfectas” de nosotros mismos, pero si todo se puede simular, el valor está en lo que no se puede falsificar: la coherencia a lo largo del tiempo, la huella que dejamos en las personas y las decisiones que tomamos cuando nadie nos ve. Esa es la verdadera prueba de autenticidad.
IA: copiloto sí, piloto automático no
La IA no es el enemigo. El problema es cómo la usamos. Si delegamos en una máquina lo que antes nos obligaba a leer, investigar, contrastar y pensar, nuestro cerebro se vuelve cómodo y pierde músculo crítico.
Es uno de los mayores riesgos que apunta Jordi: dejar de ejercitar aquello que nos ha hecho humanos con criterio.
Bien usada, la IA es un gran copiloto. Permite, por ejemplo, relacionar documentos, ordenar ideas o automatizar resúmenes que nos ahorrarían horas de trabajo mecánico.
Mal usada, la IA se convierte en una fábrica de contenidos huecos, llenos de frases bonitas que dan vueltas sobre sí mismas y no aportan nada.
Tu propio código ético de IA
Cada profesional debería establecer su propio código ético sobre cómo utilizar la IA. Qué le pide, qué firma con su nombre, qué no está dispuesto a delegar jamás.
No podemos publicar contenidos que nunca habrían salido de nuestra cabeza y presentarlos como propios solo porque “estamos de acuerdo” con lo que dice la máquina.
Además, empezamos a ver cómo metodologías, frases e ideas creadas por personas concretas aparecen replicadas sin atribución porque “lo ha dicho un chatbot”.
Esto exige más responsabilidad: citar, reconocer la autoría y ser conscientes de que cualquier cosa que subimos entrena modelos que luego regurgitan nuestras ideas sin mencionar su origen.
Menos ruido y más criterio en redes
En redes sociales vivimos una inflación brutal de contenidos. Mucha gente que antes no publicaba ahora lo hace cada día, a menudo con textos generados casi por completo por IA.
El resultado: más ruido, menos engagement y una sensación compartida de desierto incluso en perfiles que antes funcionaban muy bien.
Quizá ha llegado el momento de cambiar de consejo. Antes decíamos “publica mucho para ser visible”. Ahora el valor puede estar en publicar menos y mejor, y en hacer algo que escasea: curar contenido, separar el grano de la paja y recomendar lo que realmente merece la pena.
De creador compulsivo a curador exigente
Ser experto no es solo producir sin parar, es ayudar a entender el contexto. Elegir bien qué leer, qué ver, qué escuchar, y explicarlo de forma clara para que otros ahorren tiempo y ganen perspectiva. En esto, las newsletters de curación y plataformas exigentes como Substack ponen el listón muy alto: prima la calidad del autor y la profundidad del contenido.
Todo apunta a que redes como LinkedIn empezarán a valorar más la autoridad de la persona que el volumen de publicaciones. Qué experiencia real tiene, qué trayectoria avala lo que dice, en qué temas puede aportar algo distinto. No se trata solo de “qué publicas”, sino de “quién eres para decir lo que dices”.
Volver a la vida fuera de la pantalla
La marca personal no se juega solo en los bits, también —y cada vez más— en los átomos. Eventos presenciales, formaciones, cafés, comidas, conferencias, libros en papel, white papers impresos que llegan a las manos de clientes y prospectos… todo eso recupera protagonismo.
Una acción muy simple lo demuestra: muchos profesionales valoran muchísimo recibir un libro en papel dedicado, más que un ebook escondido en algún rincón de su disco duro. Lo físico deja rastro emocional. Se toca, se huele, se coloca en una estantería y se convierte en recordatorio constante de la persona que está detrás.
El trabajo discreto de la marca personal bien estructurada
Detrás de muchos procesos de gestión de marca personal hay historias de transformación que no aparecen en ninguna red. Jordi explica, por ejemplo, el caso de una persona que se daba por “desahuciada” profesionalmente y que, tras trabajar su marca, logró reinventarse y volver al mercado laboral con un cambio de vida profundo.
Cuenta también el caso de una persona que quería abandonar su empresa. Al revisar su propuesta de valor, vio que seguía teniendo sentido donde estaba; no solo decidió quedarse, sino que acabó promocionada a un puesto de dirección general. Es ahí donde la marca personal demuestra su poder real: cuando ayuda a tomar decisiones mejores y más alineadas, no solo a conseguir likes.
El rol del personal brander: sherpa, no protagonista
El mérito siempre es del cliente. El personal brander actúa como sherpa: pone orden, aporta método, acompaña, pero no camina por la persona ni hace el trabajo en su lugar. Si no hay base, si no hay valores ni propósito, la mejor metodología del mundo no funciona.
Cuando sí hay terreno fértil, la gestión de marca personal se convierte en catalizador. Ayuda a ver con claridad la propia propuesta de valor, elegir el rumbo y tomar decisiones coherentes con esa identidad. Eso no se puede delegar en ninguna IA.
Dos claves para empezar hoy: servicio y diálogo
Para quien quiera empezar a gestionar su marca personal o trabajar en la marca personal de otros, Jordi propone dos ideas sencillas y contundentes. La primera: tu marca solo tiene sentido si está centrada en los demás. Estamos aquí para servir, no para autoservirnos. Para ser motores de cambio y ayudar a que las cosas pasen a otros.
La segunda: menos es más. Menos porquería en redes y más conversación. Menos imponer lecturas y más escuchar, explicar, preguntar, crear diálogo. Servicio y diálogo como dos pilares para gestionar marcas personales con sentido en tiempos de posautenticidad.
Un ejemplo vivo: el Personal Branding Lab Day
El Personal Branding Lab Day es buen ejemplo de esta mirada más humana. No es solo un congreso, es un encuentro de buena gente que comparte contenidos, experiencias y ganas de aportar. Se entra rico y se sale riquísimo.
Más allá del formato híbrido o del lugar —este año, Ciudad de México, Tec de Monterrey, campus Santa Fe— lo importante es la comunidad que se construye alrededor de una idea sencilla: poner la persona en el centro de la marca personal. Ese es, probablemente, el mejor resumen de por qué la marca personal del futuro no es digital.

Convencido de que todo deja marca, ayudo a empresas a conectar mejor con sus stakeholders a través de programas de personal branding (gestión de marca personal) y employee advocacy (programas de embajadores internos de marca).
Socio de Soymimarca e Integra Personal Branding, Brand Director de Omnia Branding, también soy socio y co-fundador de iOBrand, la primera plataforma IA de Personal Branding.
Participo en diversos programas en escuelas de negocio. Co-creador y organizador del Personal Branding Lab Day, el congreso anual de Personal Branding, desde 2015.
Mi ADN publicitario viene de 20 años en agencias: Tiempo/BBDO, J.W.T., Bassat Ogilvy, Saatchi & Saatchi, Altraforma y TVLowCost entre otras.







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Responsable » Guillem Recolons Argenter
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