Phishing, jáquers, confianza y la muerte de la comunicación

Llevo varios días sin el control de mi cuenta de WhatsApp. Un caso de suplantación digital o phishing. Caí en la trampa de los jáquers de la confianza.

Así que, antes de seguir, te pido mis más sinceras disculpas si te ha llegado un mensaje mío que arranca con un “Hola cómo estás saludos y bendiciones 🙏🏻”.

Mensaje del jáquer

Tras el mensaje, que siempre te llega de una persona de tu agenda en la que confías, te proponen, entre otras cosas, crear un grupo nuevo de WhatsApp. Eso, en mi caso, tenía sentido, ya que se daban varias casualidades:

  • El mensaje me llegaba desde América Central, región con la que trabajo a diario. Esa forma de saludar que incluye “bendiciones” no es propia de España.
  • El mensaje me llegaba de una persona conocida, la secretaria de un cliente mío de executive branding, con la que me comunico con frecuencia.
  • Además, estaba esperando un mensaje suyo para cerrar una cita con su jefe, por lo que tenía cierto sentido la idea de crear un grupo para agilizar el proceso.
  • En ese momento estaba iniciando una videoconferencia de trabajo, por lo que la capacidad de concentrarme y dudar de algo que parecía razonable era baja.

Si prefieres escucharlo (y entender mi estado anímico), aquí tienes el episodio 149 del pódcast Todo deja Marca en iVoox, Apple Podcast, Spotify, Amazon Music o Google Podcast.

El timo de los 6 números de WhatsApp

He sido víctima del conocido como timo de los 6 números de WhatsApp, una estafa creada por jáquers de la confianza, que aprovechan la agenda de la persona hackeada para que su bot envíe mensajes masivos a los contactos más frecuentes.

Dos oportunidades de caer en la trampa

El timo tiene dos objetivos, el primero es conseguir dinero.

Dinero: Con un argumento del tipo “tengo que pedirte un favor, necesito que hagas un pequeño ingreso a mi cuenta y mañana por la mañana lo tendrás de vuelta”.

En mi caso, me sorprendió el mensaje, con base en el tipo de relación con la persona, demasiado lejana como para ser creíble. Yo pregunté ¿Te puedo llamar? Y la contestación fue “sí”. No llamé porque en ese momento exacto entraba en la videoconferencia. Si lo hubiera hecho, se hubieran despejado las dudas.

Jaqueo: Al cabo de un rato, e ignorando la petición de dinero, me llega un código de 6 cifras, que al parecer esa persona necesitaba para abrir el grupo. Lo copié y se lo di para acabar la conversación, yo tenía que centrarme en mi reunión. A los pocos segundos, me di cuenta del error.

Ya era tarde. Mi cuenta de Whastapp había desaparecido de mi control y estaba en manos de los jáquers.

Es difícil caer… si estás atento

Me han llegado varias estafas, la del paquete de correos, la de la hija que ha perdido el teléfono móvil y te pide dinero a través de un SMS de número desconocido…

Todas son sospechas por algo… siempre que pongas toda tu atención en ello.

Los jáquers de la confianza me pillaron con la guardia baja. Es pura estadística. Solo que 1 de cada cien personas acceda a dar el número o a hacer el ingreso, el bot ya ha logrado su objetivo.

En mi caso, con cerca de 10.000 contactos de agenda, pueden haber tenido éxito unas 100 veces, que se dice pronto.

El otro drama: la falta de comunicación directa con las grandes tecnológicas

No sé si a ti te pasa, pero tengo una relación de amor/odio con las grandes empresas tecnológicas: no disponen de un teléfono humano para resolver incidencias graves de este tipo.

Google (o Alphabet y la madre que los parió)

Me gusta Google, utilizo Google, sus productos son maravillosos, y su coste, razonable. Pero no puedes hablar con nadie si tienes un problema. Y hay veces, muchas, en las FAQ no resuelven tu problema concreto.

No he podido conectar con Bard (con cuenta de pago), he perdido miles de archivos por las deficiencias de las descargas de archivos de Drive. Google Meet está a años luz de Zoom. Y nunca hay nadie al otro lado. Un desastre.

WhatsApp, Instagram, Facebook (o Meta y la madre que los parió)

Con WhatsApp y compañía, más de lo mismo, no hay un teléfono humano para resolver emergencias o problemas de operación.

Ayer llamé a la policía, y me dieron más claves para resolver el jaqueo que la propia web de WhatsApp.

Con Instagram, he tenido la cuenta baneada, “shadowbaneada”, pero no te lo dicen ni sabes cuál ha sido la causa. He estado tiempo (años) sin poder utilizar muchas de sus funciones. Imposible hablar con nadie.

Edge, LinkedIn (o Microsoft y la madre que los parió)

Además de Safari y Chrome, tengo el navegador Edge. Empecé a usarlo hace pocos meses por recomendación de Joan Martín y Carles Fité, del podcast Caviar Online. Y no hay forma de registrarse, he abierto incluso cuentas en Outlook (vade retro…) y nada. Y claro, sin registrarte apenas puedes sacar rendimiento a la IA de Bing, que es muy buena, a pesar de que el buscador Bing es lamentable comparado con el de Google.

En LinkedIn no puedo hacer pública mi dirección web en la parte inicial del perfil. Y pago cada año un buen dinero por la cuenta premium. ¿Hay alguien ahí? Nadie.

Hablar con un ser humano, un privilegio al alcance de pocos en este siglo XXI

Pues eso parece. En el siglo XXI, la evolución de la tecnología es exponencial, mientras que la comunicación humana involuciona y se convierte en un lujo.

Hay pocas excepciones a la falta de respuesta humana de las tecnológicas. Una de ellas es Apple, una marca que se paga, pero que ofrece servicio telefónico humano y eficaz cuando lo necesitas.

A muchas grandes empresas se les llena la boca de propósito, de valores, de ética, pero son incapaces de dar una respuesta humana de altura.

He decidido que iré abandonando Google, Meta, Microsoft, al majadero de Elon Musk y su X ya medio muerta y me quedaré con esas marcas que respeten el factor humano de verdad, de acción, no de palabras y humo.

Cada año, las cifras de confianza caen y caen. Los jáquers de la confianza no están solos, tienen como cómplices necesarios a esas grandes empresas que no contestan, no resuelven, no conectan.

Aquí tienes un vídeo resumen de un minuto:

Stock photos by Sergei Elagin on Shutterstock.com

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