Era lunes 3 de agosto de 2026 y media España estaba de vacaciones. Lo habitual en mi caso habría sido reducir publicaciones, dejar descansar LinkedIn y volver en septiembre con la bandeja de entrada pidiendo auxilio.
Pero este agosto decidí hacer justo lo contrario.
Puedes escucharlo en el episodio 254 del pódcast Todo deja Marca en Spotify, Apple Podcast, Amazon Music, iVoox, YouTube Podcast o Pocket Casts.
¿En qué consistió el experimento de LinkedIn?
21 publicaciones durante 21 días laborables
El experimento se realizó entre el 3 y el 31 de agosto de 2026.
Publiqué de lunes a viernes y mantuve la actividad durante los 21 días laborables del mes.
No cambié de tema cada día según soplara el viento.
Todas las publicaciones se dirigían a personas con responsabilidades ejecutivas y trataban sobre distintas dimensiones de su marca, liderazgo, autoridad, comunicación y visibilidad.
Una imagen, un insight y un texto explicativo
Cada publicación combinaba una imagen con una idea central y un texto explicativo.
La imagen detenía la mirada. El texto daba contexto, matizaba la afirmación y abría la conversación.
El formato se mantuvo durante todo el mes. Eso me permitió observar el comportamiento de las ideas sin introducir demasiados cambios al mismo tiempo.
Un experimento necesita cierta disciplina. Si modificas cada día el formato, el tema, la frecuencia y el horario, después resulta difícil saber qué demonios estás midiendo.
Un cambio importante: publicar por la tarde
Habitualmente publico por la mañana, en horario español.
Eso significa que Europa está despierta, pero buena parte de América todavía duerme.
Durante agosto publiqué por la tarde. Así coincidí con el final de la jornada europea y las primeras horas de actividad al otro lado del Atlántico.
No puedo asegurar que el horario explique el crecimiento.
Sí puedo decir que amplió la ventana de conversación.
¿Qué resultados tuve al publicar en agosto?
139.792 impresiones orgánicas
Las 22 publicaciones consiguieron 139.792 impresiones orgánicas durante agosto.
El panel de LinkedIn mostró un crecimiento del 88% respecto al periodo de comparación utilizado por la plataforma.
No me esperaba ese resultado. Agosto suele cargar con la fama de mes perdido para la comunicación profesional. Las oficinas se vacían, las agendas se relajan y muchos planes de contenidos cuelgan el cartel de “volvemos en septiembre”.
El gráfico explica otra historia. La actividad creció durante las semanas en las que, teóricamente, nadie estaba mirando LinkedIn.

Resultados del experimento realizado entre el 3 y el 31 de agosto de 2026: 21 publicaciones y 139.792 impresiones orgánicas.
Un crecimiento del 88%
Ese 88% pide contexto.
El experimento se realizó desde una cuenta con una comunidad previa, una trayectoria de publicación y una temática definida. No partía de cero ni pretendía demostrar una ley universal sobre LinkedIn.
El dato describe lo sucedido en mi cuenta durante ese periodo. Nada más. Y nada menos.
Los comentarios como indicador de calidad
Aquí hago un apunte.
Las impresiones resultan útiles para conocer la distribución de una publicación, pero tienen una debilidad: contabilizan apariciones en pantalla.
Una impresión puede ser una lectura atenta o un pulgar que pasó por encima camino de otra cosa. Los comentarios exigen algo más. Exigen detenerse, pensar y responder. Algunos aportaron experiencias propias; otros discutieron la idea inicial, añadieron matices o la llevaron a otro terreno.
Hecho el paréntesis métrico, volvamos a agosto.
¿Por qué funcionó publicar en LinkedIn durante agosto?
Había menos publicaciones compitiendo por la atención
Durante agosto se publican menos contenidos profesionales.
Hay menos eventos, lanzamientos, informes descargables, fotografías de equipos señalando una pantalla… ya sabes.
Eso deja algo más de espacio en el feed. La ausencia de los demás no garantiza el alcance. Pero ayuda a que una publicación no desaparezca en diez minutos bajo una avalancha de contenidos.
Había más tiempo para leer
Muchas personas estaban de vacaciones o trabajaban a otro ritmo, especialmente en el hemisferio norte.
No significa que pasaran el día en LinkedIn tumbadas junto a una piscina. Posiblemente algunas sí (no pediré nombres).
Significa que había menos reuniones, menos urgencias y algo más de tiempo para leer un texto que exigiera dos o tres minutos.
Los contenidos trataban sobre identidad, autoridad, soledad directiva, talento, comunicación y cultura.
Son temas difíciles de consumir entre dos llamadas y una reunión que ya llega tarde.
El horario de publicación abrió otra ventana
Publicar por la tarde acercó los contenidos al final de la jornada europea y al inicio de la actividad en América.
Una publicación que recibe respuestas durante sus primeras horas puede prolongar su recorrido. Cada comentario la devuelve a la conversación y permite que llegue a nuevas personas.
El cambio horario no explica todo el resultado.
Bueno, posiblemente tampoco fue un detalle menor.
¿Qué conceptos de Executive Branding trabajé durante agosto?
Aunque cada publicación trataba un asunto diferente, todas giraban alrededor de una pregunta:
¿Qué queda de tu autoridad cuando desaparece el cargo?
Durante años, el título abría puertas.
CEO. Director general. Vicepresidenta. Consejero delegado.
Hoy, el cargo explica dónde estás. Tu perspectiva explica por qué merece la pena escucharte.
Esa diferencia atravesó prácticamente todo el experimento.
El cargo tiene fecha de caducidad
El primer contenido, publicado el 3 de agosto, partía de una idea poco cómoda:
Tu cargo es un préstamo con fecha de caducidad.
Una empresa puede cambiar de propietarios, fusionarse, reducir su estructura o decidir que necesita otro perfil.
A veces el cambio llega de forma elegante. Otras veces llega un viernes a las seis de la tarde.
La tarjeta deja de funcionar, el correo se cierra y el cargo pasa a la biografía.
Tu autoridad personal permanece si la has construido antes.
La autoridad personal sobrevive al organigrama
El 5 de agosto profundicé en la construcción de una autoridad personal difícil de imitar.
La autoridad ejecutiva nace de la experiencia, pero también de la capacidad para convertirla en criterio propio y hacerlo reconocible.
Recuperé la idea al hablar del riesgo de que tu posición actual desaparezca y de cómo la experiencia puede convertirse en un lastre.
La experiencia suma cuando se convierte en criterio. Cuando solo sirve para repetir lo que funcionó ayer, pesa como el plomo.
La diferencia entre experto y referente
El 11 de agosto planteé otra pregunta:
¿Qué parte de tu conocimiento es realmente tuya?
Todos trabajamos con ideas heredadas, libros, mentores, conversaciones y errores ajenos. El problema aparece cuando confundimos acumular información con construir una perspectiva.
El experto conoce una materia. El referente interpreta ese conocimiento, lo conecta con problemas concretos y comparte una mirada que los demás pueden reconocer. Ese fue el asunto central de la publicación del 12 de agosto sobre la diferencia entre experto y referente.
Puedes dominar una especialidad y seguir siendo invisible fuera de tu organización.
El conocimiento guardado en un cajón beneficia a la empresa, pero genera poca autoridad pública.
La soledad del CEO y el valor del desacuerdo
La publicación del 4 de agosto, “Ser CEO es el trabajo más solitario del mundo”, abrió una de las conversaciones más interesantes del mes.
Cuanto más arriba estás en el organigrama, más difícil resulta saber si quienes te rodean dicen lo que piensan o lo que creen que quieres escuchar.
Y ojo, el silencio alrededor de un líder no siempre nace del miedo. A veces nace del cansancio. Si cada discrepancia desemboca en una explicación interminable, el equipo aprende pronto a asentir y reservarse la opinión.
La soledad directiva se corrige construyendo relaciones en las que el desacuerdo pueda entrar sin pedir disculpas.
Aquel asunto reapareció al hablar de autoliderazgo y empatía directiva y de la necesidad de reconocer y comunicar los límites.
Un directivo que quiere llegar a todo acaba convirtiéndose en su propio cuello de botella.
La visión necesita una voz
Una visión guardada en una presentación de 74 diapositivas tiene una utilidad limitada.
La visión necesita una voz que la explique, la repita y la traduzca a decisiones concretas.
No vendas, guía. En la publicación del 14 de agosto hablé de la visión como guía.
Las personas no pueden alinearse con una idea que apenas conocen. Tampoco pueden interpretar una estrategia que solo aparece una vez al año, coincidiendo con la convención corporativa y una cena con barra libre.
Comunicar una visión exige repetición. Quien dirige puede cansarse de escuchar su mensaje mucho antes de que la organización empiece a recordarlo. Esa diferencia explica bastantes problemas de alineación.
El silencio directivo también comunica
El 26 de agosto publiqué sobre el silencio directivo.
Cuando la persona responsable de una empresa no comunica, los demás rellenan el vacío.
Lo llenan los rumores, las interpretaciones, los comunicados impersonales y aquel compañero que siempre parece saber algo cinco minutos antes que el resto.
El silencio puede parecer prudencia desde el despacho. Desde fuera puede interpretarse como distancia, indiferencia o falta de criterio.
El 13 de agosto ya había tratado la diferencia entre comunicar para levantar el trimestre y comunicar para construir confianza. La confianza se trabaja antes de necesitarla.
Cuando llega una crisis, ya es tarde para presentarse.
El Employee Advocacy empieza por arriba
Varias publicaciones se centraron en Employee Advocacy, employer branding y liderazgo visible.
El 6 de agosto relacioné Employee Advocacy y comunicación.
El 17 de agosto, en “Hola marca, hola CEO”, planteé una contradicción habitual.
Algunas empresas quieren que sus profesionales compartan contenidos, expliquen proyectos y actúen como embajadores. Mientras tanto, quienes ocupan las principales responsabilidades permanecen invisibles.
Piden presencia desde la ausencia. El equipo, que no se chupa el dedo, observa esa contradicción.
Si compartir conocimiento supone asumir un riesgo, la primera persona que debe hacerlo es quien dirige. Si comunicar aporta valor a la empresa, el ejemplo tiene que empezar arriba.
El talento sigue a personas
Un logotipo ayuda a reconocer una organización.
Difícilmente consigue, por sí solo, que alguien quiera dedicarle los próximos años de su vida profesional.
El talento observa a quienes toman decisiones. Busca cómo hablan, qué defienden, cómo responden ante una crisis, qué trato dispensan a sus equipos y si existe alguna relación entre el discurso público y la experiencia interna.
La publicación del 10 de agosto relacionaba talento visible y liderazgo visible.
También exploré el No Logo Employer Branding, la relación entre employer branding y liderazgo y el peso de la identidad más allá del logotipo.
Una empresa necesita símbolos. También necesita personas capaces de explicar qué significan esos símbolos cuando nadie les pasa un guion.
La cultura se comprueba en las decisiones
El 21 de agosto llevé el experimento al terreno de la cultura y el liderazgo.
La cultura suele escribirse en una pared. Después se comprueba en una reunión, un ascenso, un despido o la respuesta a una mala noticia.
Las palabras importan. Las decisiones les ponen precio. Una marca ejecutiva adquiere credibilidad cuando lo que su responsable explica fuera se parece a lo que el equipo vive dentro.
Mejor hecho que perfecto
El 7 de agosto publiqué sobre el principio “mejor hecho que perfecto”.
No era una invitación a publicar cualquier cosa. Era un recordatorio de que la búsqueda permanente de la perfección puede convertirse en una forma bastante respetable de procrastinación.
Un contenido necesita una idea clara, un argumento y alguna utilidad para quien lo lee. Después puede publicarse, observarse y mejorarse.
Esperar la pieza definitiva suele acabar en silencio. Este experimento también fue un MVP. Cambié el horario, mantuve el formato durante un mes y observé qué ocurría.
La práctica respondió algunas preguntas que la planificación no podía resolver.
¿Qué me enseñaron los comentarios?
Publicar en LinkedIn en Agosto fue un beun experimento. Las cifras llamaron mi atención. Los comentarios me enseñaron más, mucho más.
En las conversaciones aparecieron experiencias sobre la salida de una empresa, el peso emocional del cargo, la dificultad de contradecir a un CEO, la diferencia entre visibilidad y exhibicionismo, y la responsabilidad de comunicar desde la dirección.
También hubo matices y desacuerdos. Mejor así. Una comunidad que únicamente aplaude ayuda poco a pensar.
Las conversaciones que más interés despertaron
Los contenidos con más conversación tocaron asuntos que suelen permanecer debajo de la mesa: soledad, identidad, miedo, límites, pérdida de posición y silencio.
¿Casualidad? Posiblemente no.
La comunicación directiva suele concentrarse en resultados, operaciones, objetivos y planes. Queda menos espacio para explicar qué pasa dentro de la persona que debe tomar las decisiones.
Cuando aparece ese espacio, la conversación cambia.
Visibilidad, identidad y pérdida del cargo
La posibilidad de perder una posición profesional activó experiencias muy personales.
El cargo concede acceso a determinadas mesas, recursos y conversaciones. También puede apropiarse lentamente de la identidad de quien lo ocupa.
El problema aparece al salir.
Si toda tu presentación dependía de la empresa y del título, la pregunta “¿quién eres?” adquiere de pronto un peso considerable.
Trabajar una marca ejecutiva mientras ocupas el cargo ayuda a evitar ese vacío.
El desacuerdo también mejora una publicación
Algunos comentarios discutieron las afirmaciones de partida. No los considero ruido.
Una idea que admite matices suele ser más útil que una sentencia cerrada. El desacuerdo aporta ángulos que el autor no había contemplado y obliga a revisar el argumento.
Publicar también consiste en exponerte a cambiar de opinión. Bueno, al menos un poco.
¿Qué límites tiene este experimento?
Publicar a diario no garantiza alcance
No nos confundamos, publicar todos los días no garantiza un crecimiento del 88%.
La frecuencia ayudó a mantener una línea reconocible, pero el resultado también pudo depender del tema, las fechas, el horario, la respuesta inicial y la comunidad previa.
Una publicación diaria mediocre sigue siendo mediocre. Solo aparece más veces.
Un mes no permite establecer una regla universal
El experimento duró un mes y se realizó desde una cuenta concreta.
Eso no permite afirmar que agosto sea siempre el mejor momento para publicar ni que la tarde funcione para cualquier profesional.
Sí aporta una experiencia documentada que puede servir como punto de partida para otros experimentos.
Como publicista, recuerdo en los registros del SXX el posicionamiento exprés que logró PG (Procter & Gamble) durante la crash de 1929 por no haber retirado (como sí hicieron otras marcas) el presupuesto de marketing. Al contrario, lo aumentaron.
La comunidad previa también influye en el resultado
La cuenta ya disponía de una comunidad, una trayectoria y una conversación acumulada. Eso influye, no nos engañemos.
Un perfil que empieza hoy probablemente obtendrá otros resultados aunque repita el formato, las fechas, los horarios y la frecuencia.
LinkedIn distribuye contenidos. Es tu forma de gestionar relaciones quien lleva a alguien a decidir detenerse y leerte. Si jamás contestas comentarios, perderás lectores.
Decálogo de Executive Branding para el nuevo curso
Y ahora viene la moraleja.
He compilado los aprendizajes de agosto en diez recomendaciones para trabajar tu marca ejecutiva durante el nuevo curso.
1. Construye autoridad antes de necesitarla
El cargo puede cambiar en una tarde.
Empieza a compartir tu criterio mientras ocupas la posición. Esperar a perderla te obligará a construir autoridad justo cuando más prisa tengas.
2. Explica cómo piensas
Tu experiencia importa.Tu manera de interpretar un problema permite comprender qué te diferencia de otros profesionales con una trayectoria parecida.
Comparte el razonamiento, no solo la conclusión.
3. Comunica con regularidad
Una aparición brillante cada seis meses deja poca huella.
Busca una frecuencia que puedas sostener sin convertir LinkedIn en una segunda jornada laboral. La regularidad permite reconocer tu perspectiva y relacionarla con determinados asuntos.
4. Comparte también tus dudas
Compartir un aprendizaje, un error o un límite aporta información sobre tu manera de pensar, de liderar.
Ojo, la vulnerabilidad pierde valor cuando se utiliza como maquillaje. Explica aquello que realmente hayas comprendido, incluso si la conclusión tiene alguna arista.
5. Da permiso al desacuerdo, al disenso
Pide opiniones que puedan incomodarte y evita castigar a quien te contradice (No hagas como un tal Trump).
El silencio del equipo suele salir bastante más caro que una conversación difícil.
6. Repite la visión (las veces que haga falta)
Explica hacia dónde va tu empresa y qué decisiones van alineadas con esa dirección.
Cuando tú ya te hayas cansado de repetirla, probablemente el equipo empezará a recordarla. Recuerda esta frase vintage del mundo de la publicidad: Repetition is reputation.
7. Lidera la comunicación desde el ejemplo
Si quieres profesionales visibles, participa. Es inútil pedirle al equipo una exposición que tú no practicas.
La comunicación compartida empieza por quienes tienen más capacidad para legitimar esa conducta.
8. Convierte conocimiento en criterio
Comparte qué sabes, cómo lo aplicas y qué te ha hecho cambiar de opinión.
La experiencia se vuelve útil cuando ayuda a decidir mejor, no cuando ocupa varias páginas del currículum.
9. Valora la conversación, no solo el alcance
Revisa impresiones, comentarios, guardados, compartidos, visitas al perfil y mensajes recibidos.Sobre todo, comentarios y mensajes directos recibidos.
Una cifra aislada puede alimentar el ego y dejar el negocio exactamente igual.
10. Experimenta con método
Prueba formatos, horarios y frecuencias.
Define qué quieres observar, mantén las condiciones durante un periodo razonable y analiza el resultado antes de cambiarlo todo.

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Este experimento partió de un trabajo estratégico que hice con la ayuda de iOBrand.app.
Eso me llevó a una pregunta bastante más importante que el horario de publicación:
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¿Qué preguntas deja este experimento?
¿Es recomendable publicar en LinkedIn en agosto?
Puede serlo.Durante agosto de 2026 publiqué 21 posts en los 21 días laborables del mes y conseguí 139.792 impresiones orgánicas. Había menos publicaciones compitiendo por la atención y parte de la comunidad disponía de más tiempo para leer y comentar.
El resultado corresponde a mi cuenta y no garantiza que todas las personas obtengan el mismo comportamiento.
¿Cuántas veces publiqué durante el experimento?
Publiqué 21 contenidos entre el 3 y el 31 de agosto de 2026.
Mantuve la actividad de lunes a viernes. Cada contenido incluía una imagen con un insight y un texto que desarrollaba la idea.
¿Cuál es el mejor horario para publicar en LinkedIn?
No existe un horario que funcione igual para todas las cuentas.
Habitualmente publicaba por la mañana, en horario español. Durante el experimento publiqué por la tarde, lo que me permitió coincidir con el final de la jornada europea (en momento de vacaiones) y el comienzo de la actividad en buena parte de América.
Tu mejor horario dependerá de dónde esté tu comunidad y de cuándo pueda parar a leerte.
¿Publicar todos los días mejora el alcance?
La frecuencia, por sí sola, no garantiza mayor alcance.
En mi caso ayudó a mantener una línea temática y gráfica reconocible durante todo el mes. La claridad de las ideas, la respuesta de la comunidad, el horario y la existencia de una audiencia previa también pudieron influir.
¿Qué métricas conviene analizar en LinkedIn?
Las impresiones permiten conocer la distribución inicial, pero conviene revisar especialmente los comentarios, guardados, compartidos, visitas al perfil y, con especial atención, mensajes recibidos.
Los comentarios fueron especialmente útiles en este experimento porque añadieron experiencias, desacuerdos y nuevos puntos de vista.
¿Qué contenidos generaron más conversación?
Los posts sobre la soledad directiva, la pérdida del cargo, el desacuerdo, la identidad profesional, los límites y el silencio generaron algunas de las conversaciones más interesantes.
Son asuntos que afectan a quienes dirigen, aunque pocas veces aparecen en sus comunicaciones públicas.
¿Qué es el Executive Branding?
Es la gestión estratégica de la identidad, el posicionamiento, la reputación y la visibilidad de un directivo. Su objetivo no es aumentar su popularidad, sino convertir su liderazgo en una fuente de confianza e influencia para la organización y sus grupos de interés.
Permite hacer reconocible su criterio, experiencia, forma de liderar y contribución más allá del cargo que ocupa en un momento concreto.
¿Qué diferencia hay entre un experto y un referente?
Un experto domina un área de conocimiento. Un referente interpreta ese conocimiento, lo conecta con problemas concretos y comparte una perspectiva reconocible. La diferencia aparece cuando la experiencia sale de la organización y empieza a resultar útil para otras personas.
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Convencido de que todo deja marca, ayudo a empresas a conectar mejor con sus stakeholders a través de programas de personal branding (gestión de marca personal) y employee advocacy (programas de embajadores internos de marca).
Socio de Soymimarca e Integra Personal Branding, Brand Director de Omnia Branding, también soy socio y co-fundador de iOBrand, la primera plataforma IA de Personal Branding.
Participo en diversos programas en escuelas de negocio. Co-creador y organizador del Personal Branding Lab Day, el congreso anual de Personal Branding, desde 2015.
Mi ADN publicitario viene de 20 años en agencias: Tiempo/BBDO, J.W.T., Bassat Ogilvy, Saatchi & Saatchi, Altraforma y TVLowCost entre otras.






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