Transhumanismo ¿Quién quiere vivir para siempre?

Hoy trato algo muy interesante e inquietante, el transhumanismo. Le robo el título Who wants to live forever (Quién quiere vivir para siempre) a Brian May, guitarrista de Queen, que escribió esta preciosa canción en un momento difícil en que perdió a su padre y se estaba divorciando de su mujer. De hecho, fue el propio May quien cantó las estrofas antes de pasar el testigo al gran Freddie Mercury. 

Brian May

Y quiero abordar el transhumanismo desde la vertiente de la biotecnología, pero especialmente desde la ética, desde la filosofía. Como no soy experto en el tema, he revisado textos y ensayos de varios expertos hasta dar con el Doctor António Diéguez, Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de Facultad de Filosofía de la Universidad de Málaga.

He transcrito una conferencia suya titulada Transhumanismo: realidad, ficción y desafíos y cuyo vídeo incluyo al final del post. La primera parte aborda la parte tecnológica, y la segunda el aspecto ético de las técnicas de alargamiento de la vida. 

Al final, el último punto es mío, donde abordo la perspectiva del transhumanismo y la marca personal, en el sentido más estricto de legado.

Aquí puedes ver un avance en un minuto de vídeo:

Aquí lo puedes escuchar en el episodio 121 del pódcast Todo deja Marca, en iVoox, Apple Podcast, Spotify o Google Podcast.

Aquí te dejo con el Dr. Antonio Diéguez: 

¿El fin del hombre? 

Voy a hablar de un tema que está teniendo mucha repercusión en los medios de comunicación. En este mismo ciclo de conferencias ya ha habido otros ponentes que lo han tratado, y de hecho todo el ciclo, la impresión que tengo, versa sobre esta misma cuestión.

El título de ¿el fin del hombre?, en interrogación, es un asunto que se ha planteado justamente en relación con estas propuestas que de una manera general se denominan transhumanismo. El transhumanismo, sin embargo, es un tema muy complejo, muy variado, tiene versiones muy distintas y necesariamente me tengo que concentrar en una de ellas. 

No voy a entrar a discutir, aunque en el debate, si surge, podemos hablar de ello, las vertientes del transhumanismo que reivindican la unión del ser humano y la máquina, la creación del cíbor, o en sus versiones más extremas, la búsqueda del volcado de la mente en una máquina, de la mente humana en una máquina.

Me voy a centrar en los aspectos del transhumanismo que tienen que ver con la biotecnología. E incluso dentro de este tema, que también es amplio, me voy a concentrar en uno de los aspectos de esta vertiente, que sería la aplicación de la biotecnología para el alargamiento de la vida humana. O, por decirlo de una forma más contundente, las promesas de inmortalidad mediante la biotecnología. 

Dr. Antonio Diéguez

Dr. Antonio Diéguez

Biotecnología para el alargamiento de la vida humana

Como vamos a ver, se nos está prometiendo ya una vida de duración indefinida gracias a los desarrollos tecnológicos. Creo que es conveniente preguntarse en qué medida hay una base científica para estas promesas, y en qué medida estas promesas se sustentan sobre esa base científica o van mucho más allá de lo que esta base permite establecer. 

El envejecimiento es, en la actualidad, un tema fundamental de investigación científica. Es uno de los temas, además, en los que España tiene científicos pioneros.

Carlos López-Otín, de la Universidad de Oviedo, Juan Carlos Izpisúa, de la Universidad Católica de Murcia (aunque trabaja fundamentalmente en los EE.UU), o María Blasco, directora del C.N.I.O. 

Son nombres de grandes científicos españoles, de gran prestigio internacional, que trabajan precisamente sobre esta cuestión, sobre qué es el envejecimiento, cómo se produce el envejecimiento, y en qué medida podemos paliar los defectos del envejecimiento. 

No hay una única causa

No tenemos por el momento una explicación única, unánimemente aceptada, de las causas del envejecimiento. 

Puede que no tengamos nunca una explicación así porque, por lo que se va sabiendo, el envejecimiento es el producto de muy diversos factores.

Pero por muy complejos que sean estos factores, lo que es evidente es que se pueden estudiar científicamente, y este hecho, de la posibilidad de estudio riguroso, abre la puerta también a un posible futuro control tecnológico de esos factores. En la medida en que podamos aplicar tecnologías para controlar estos factores que causan el envejecimiento, podremos alargar la vida de una manera significativa.

El envejecimiento no es una necesidad biológica

De hecho, el envejecimiento no es una necesidad biológica inexorable. Es decir, la manera en que se produce el envejecimiento en los seres vivos es muy variada y de modalidades muy distintas. Tenemos, por ejemplo, en plantas como la posidonia oceánica, que es una planta marina, o el pino de Colorado, o aquí, en España, por ejemplo, algunos olivos, que pueden vivir en torno a mil años e incluso puede que más. De manera que su longevidad es desmesurada comparada con la de cualquier animal. 

Sin embargo, también en el mundo animal encontramos casos sorprendentes. El caso de las hidras o de las medusas. La hidra mide dos milímetros aproximadamente y vive en agua dulce, este animal, en principio, está regenerando constantemente sus células, es decir, que literalmente no envejece nunca. Si tuviera siempre condiciones adecuadas de humedad y de nutrientes, viviría de manera indefinida. Y las medusas pueden decir, algunas medusas, de algunas de ellas se puede decir prácticamente lo mismo.

Es decir, que hay al menos algunos organismos vivos del reino animal para los cuales no existe el envejecimiento y si mueren es por causas ambientales. Con respecto a la longevidad de algunos animales hay casos sorprendentes. El animal más longevo que se ha podido conocer es una almeja de Islandia que cuando se pescó tenía 600 años.

Pero ahora se sabe que los tiburones de Groenlandia, por ejemplo, pueden vivir 400 años. Y quizás algo más. Las ballenas boreales también viven más de 100 años. Las langostas viven 80 años, una cantidad de tiempo muy superior a cualquier otro organismo ligado o emparentado evolutivamente con ellas. Las tortugas, la carpa china, etc. Es decir, que tenemos ejemplos de animales muy longevos y varias veces centenarios. Y luego hay casos también bien conocidos en la biología y en la medicina de células que son inmortales. 

Las células HeLa

El caso de las células HeLa, que son células cancerígenas, se llaman así porque se tomaron de un tumor de una señora norteamericana, Henrietta Lacks, que murió de este cáncer en los años 50, y, sin embargo, esa muestra que se tomó de su tumor sigue viviendo en los laboratorios de todo el mundo. 

Ahora mismo hay toneladas de células HeLa repartidas por los laboratorios de todo el mundo, y mientras a estas células se les proporciona nutrientes se siguen dividiendo y multiplicando y siguen viviendo. De manera que, como ven, el envejecimiento es muy relativo desde el punto de vista biológico.

Esto ha llevado a algunos investigadores, como el caso del gerontólogo Aubrey de Grey, a prometer que la ciencia podrá en algún momento aplicar tecnologías para conseguir el detenimiento del envejecimiento en el ser humano

La primera persona que vivirá mil años ha nacido ya

Aubrey de Grey se hizo célebre por afirmar que la primera persona que vivirá mil años ha nacido ya.

Así que los más jóvenes al menos tienen prometida una vida de mil años. A otros ya nos pilla un poco tarde. Por lo tanto, hay una promesa hecha por un científico. 

Es cierto que la comunidad científica es muy escéptica con respecto a los pronunciamientos de Aubrey de Grey, porque va siempre más allá de lo que el resto de los gerontólogos se permite decir. Pero la idea de Grey es que la esperanza de vida, en los países desarrollados, al menos, va aumentando cada vez más. Ahora mismo en España está en 84 años de las mujeres y somos el segundo país más longevo después de Japón y en el 2040 seremos el primer país de mayor longevidad de todo el mundo, superaremos a Japón. 

La esperanza de vida ha estado aumentando del orden de tres años cada década, desde principios de siglo. No está garantizado que esto vaya a continuar igual siempre, pero si continuara así, pues cabe esperar que las próximas generaciones vivan más de 100 años. 

Entonces lo que dice Aubrey de Grey es que una persona joven ahora, que viva más de 100 años, podrá vivir en una época en la que la medicina habrá avanzado tanto que podrá detener el envejecimiento. 

Detener el envejecimiento

Una persona joven podrá hacer que, en una determinada fase, su envejecimiento se detenga por completo, y eso le permitirá vivir todavía unas cuentas décadas más. Pero entonces podrá vivir en una época en la que la medicina habrá avanzado tanto, que podrá rejuvenecer todas las células de su cuerpo, es decir, que podrá revertir a su estado juvenil todo su cuerpo. Lo cual significa una inmortalidad prácticamente de facto.

Si podemos mantener un cuerpo permanentemente joven, la única causa de muerte sería un accidente. De Grey, de hecho, ha señalado un año a partir del cual empezaríamos a vivir algo así, el año 2029, es lo que él llama el año en que se alcanzará la velocidad de escape de la longevidad. Es decir, el año en el que la esperanza de vida aumentará más de un año por cada año que vivamos. Con lo cual, si cada año que yo vivo mi esperanza de vida aumenta en algo más de un año, eso quiere decir que me voy a mantener en el mismo estado en el que estoy, al menos, de manera indefinida. 

A los que nos pilla ya muy mayores, el 2029, habrá que tener paciencia para que llegue la fase de rejuvenecimiento, porque si no, no vamos a quedar muy bien.

¿Por qué envejecemos?

No está muy claro tampoco desde un punto de vista evolutivo por qué se produce el envejecimiento y por qué morimos. De hecho, si aplicáramos la idea estricta de la selección natural, lo ideal sería que los organismos vivieran el mayor tiempo posible, porque cuanto más tiempo vive un organismo, más descendientes deja, y eso es lo que le interesa a la selección natural. 

La explicación mayoritariamente aceptada en la actualidad entre los científicos es que el envejecimiento y la muerte no es un producto directo de la selección natural, sino más bien un subproducto de la selección natural. Es el resultado de que la selección natural solo ve, por decirlo así, a los organismos que tienen un alto porcentaje de efectividad reproductiva, se llama eficacia biológica. 

Pero esa eficacia biológica va disminuyendo con el tiempo porque los organismos mueren también por depredadores, por accidentes, es decir, que en toda especie, a partir de un determinado momento, el número de descendientes que se deja es mucho menor que las primeras fases de la vida del organismo. Y a partir de ese momento, la selección natural ya no ve lo que ocurre ahí, se desentiende, por decirlo así.

Eso puede hacer que la selección natural favorezca genes que durante la fase juvenil proporcionan mayor vigor y mayor capacidad reproductiva, pero que tienen efectos perniciosos a edades posteriores. Por eso se considera que el envejecimiento en realidad es el deterioro del organismo debido a la acción pleiotrópica de genes que en realidad fueron seleccionados para proporcionar vigor durante las fases iniciales de la vida de un organismo. 

No todo el mundo está de acuerdo en esto. Hay quien piensa que podríamos aplicar la idea de la selección natural directamente al envejecimiento y a la muerte, por ejemplo, podíamos hablar de selección de grupos, pero eso es más discutido. 

El mecanismo biológico: las 9 razones 

En todo caso, lo que tanto si el envejecimiento es un subproducto de la selección natural, o es un resultado directo de la selección natural, lo que sí está claro es que es un proceso gobernado por mecanismos biológicos. Y estos pueden ser estudiados científicamente, y pueden ser, por lo tanto, analizados en todas sus fases, de manera que podamos paliar, en principio, sus efectos y más adelante incluso eliminarlos. 

En ese sentido hay un artículo clásico, dos de sus autores son españoles, que mencioné antes, Carlos López-Otín y María Blasco, que se publicó en el año 2013 en la revista Cell, y que se ha convertido en un clásico que todo el mundo. El artículo cita nueve causas fundamentales del envejecimiento:

  • Inestabilidad genómica
  • Acortamiento de los telómeros
  • Alteraciones epigenéticas
  • Pérdida de la proteostasis
  • Desregulación de la sensibilidad a los nutrientes
  • Disfunción mitocondrial
  • Senescencia celular
  • Agotamiento de las células madres
  • Alteración de la comunicación intercelular

Este artículo parece que señaló de forma muy clara cuáles serían los principales mecanismos del envejecimiento. Y sobre ellos ya se están trabajando, sobre algunos de ellos, en concreto hay grandes avances, por ejemplo, María Blasco está trabajando en acortamiento de los telómeros y como luego veremos ya ha conseguido resultados muy impactantes.

Hay otro artículo publicado en CERN en 2008, firmado por María Blasco, entre otros doctores, donde mostraban que mediante la activación de la telomerasa podían retrasar la edad en ratones, es decir, en detener el envejecimiento en ratones.

La inversión de las grandes tecnológicas

Que detrás de todo esto hay una base sólida, lo muestra el hecho de que hay empresas potentes invirtiendo una enorme cantidad de dinero. Por ejemplo, Google creó en el 2013 una empresa llamada Calico, la creó inicialmente con un capital de un millón de dólares, pero ahora es una empresa que vale muchísimo más, dedicada exclusivamente al estudio del envejecimiento y obviamente al alargamiento de la vida.

Los grandes magnates de Silicon Valley están muy interesados en dedicar su dinero a alargar la vida, entre otras cosas porque se ven ya mayores y en qué mejor emplear el dinero que en vivir más tiempo. Pues Calico Labs es una empresa que en el 2015 recibió el apoyo de dos de las universidades más prestigiosas del mundo, el MIT, el Instituto de Tecnología de Massachusetts y la Universidad de Harvard.

Todavía no ha producido resultados espectaculares, pero yo creo que están guardándose ya algunos resultados importantes para anunciar algo que revolucione toda esta medicina del envejecimiento en muy poco tiempo. 

Bueno, no es solo una pretensión personal por parte de los directivos de estas empresas de vivir más tiempo, es que también es para ellos un gran negocio, porque a nadie se lo oculta que en los próximos años, la medicina regenerativa, en general la medicina genómica, pero la medicina regenerativa en particular, va a ser un negocio muy relevante. Ya en el manejo y el control de datos biomédicos hay un negocio y que a estas empresas les interesa controlar y en el futuro va a ser un negocio todavía mucho más considerable.

Tijeras genéticas

Hay algunos avances científicos que han venido en apoyo de estas promesas. Por ejemplo, en el 2013, con la participación inicial de un científico español, de Francis Mojica, de la Universidad de Alicante, se crearon las tijeras genéticas de mayor precisión que los científicos han creado.

Es la técnica que se conoce como CRISPR-Cas9. Utiliza el sistema inmunitario de las bacterias para editar genes en cualquier organismo, para cortar y pegar genes en el lugar en que los científicos desean. Había, previamente, otras técnicas de edición genética, pero CRISPR-Cas9 es mucho más precisa, mucho más simple y mucho más barata que cualquiera de las otras técnicas anteriores. Y esto es lo que está empezando a revolucionar todo el campo de la genómica.

Biología sintética

Hay otro avance científico importante, que ha venido también en apoyo de todo esto, de estas promesas. Me refiero a la biología sintética. La biología sintética surge con el comienzo del siglo, siglo XXI. Es una rama de la biología, una rama biotecnológica que, en última instancia, lo que pretende es crear vida artificial, crear vida en el laboratorio.

Craig Venter, uno de los grandes científicos y empresarios dedicados a la biotecnología, el padre intelectual de la oveja Dolly, afirmó en el 2010 que había creado por fin vida artificial. Su afirmación era exagerada porque en realidad no creó vida de novo, pero lo que hizo ya fue bastante espectacular, consiguió sintetizar por completo el genoma de una bacteria existente en la naturaleza, consiguió sintetizarla artificialmente, ese genoma, y luego insertarlo en una bacteria diferente, en el chasis celular de esa bacteria, de manera que creó una nueva bacteria a la que dio el nombre de Mycoplasma Laboratorium aunque le pusieron el apodo de Sintia.

Bio-ladrillos

Entretanto, la biología sintética se dedica a cosas más prosaicas, pero que están haciendo avanzar enormemente la biotecnología. Por ejemplo, uno de los logros más importantes de la biología sintética es la creación de lo que llaman biobricks, podríamos decir bioladrillos

En realidad son trozos de ADN que han sintetizado artificialmente y que pueden ser insertados como piezas estandarizadas en bacterias o en teoría en otros organismos para que estos cumplan una función que no tienen en la naturaleza. De manera que serían piezas genéticas que los científicos pueden colocar a voluntad en organismos, inicialmente bacterias para producir determinados productos que sean del interés del ser humano, por ejemplo, biocombustibles, pero también medicinas, como la artemisina, que es una medicina que se utiliza para el tratamiento de la malaria.

Regénesis: La ingeniería genética se queda pequeña

Todo esto está haciendo que las promesas de lo que ya se conoce como ingeniería genética clásica hayan quedado pequeñas. Lo que algunos científicos están prometiendo, gracias a estos avances recientes, son cosas todavía mucho más ambiciosas. 

Por ejemplo, George Church, Catedrático de Genética de la Universidad de Harvard. No solo es uno de los científicos más prestigiosos del mundo, los genetistas más prestigiosos del mundo, sino que además es uno de los líderes del transhumanismo

George Church escribió un libro hace unos años, Regénesis, en los que hace afirmaciones muy espectaculares, pero algunas de las cuales ya se han ido cumpliendo. Por ejemplo, en ese libro predijo que podrían crearse genes completamente nuevos que no existen en la naturaleza, sintetizados por completo en un laboratorio, como medio para inmunizar en el futuro al ser humano de ciertas enfermedades, por ejemplo, de ataques víricos. 

Lo cierto es que en el 2017 se consiguió crear dos nuevos nucleótidos que no existen en ningún ser vivo. Saben que los nucleótidos, las bases nitrogenadas que utiliza nuestro ADN son adenina, guanina, citosina y timina. Y eso para todos los seres vivos, desde las bacterias hasta nosotros. Todos los seres vivos funcionan con esos cuatro nucleótidos. Los científicos consiguieron crear en 2017 dos nuevos nucleótidos a los que llamaron X de Y, por ponerle algún nombre. Pero no solo eso, consiguieron insertarlo en el ADN de una bacteria, y hacer que esta bacteria sintetizara una proteína completamente nueva. De manera que esta posibilidad de crear genes artificiales ya existe. 

El supermercado genético

Y George Church, en este libro, no tiene la menor duda de que el objetivo final de todos estos descubrimientos es la aplicación al ser humano.

Por el momento, se están modificando bacterias para producir biocombustible, para producir medicamentos, etcétera, etcétera. Pero el objetivo final es la aplicación al ser humano. De hecho, en su libro dice lo siguiente. “Estas tecnologías de la biología sintética tienen el poder de mejorar la salud de los seres humanos y de los animales, aumentar la duración de nuestra vida, incrementar nuestra inteligencia y mejorar nuestra memoria, entre otras cosas.”

Es decir, George Church está afirmando que tarde o temprano se abrirá lo que ya en los años 70 el filósofo norteamericano Robert Nozick llamó el supermercado genético. Llegará el momento en el que los padres podrán decidir qué genes quieren que lleven sus hijos. Estamos todavía lejos de eso, pero no tanto como ha puesto de relieve una noticia reciente de la que ahora hablaremos.

Obviamente, en la medida en que estas tecnologías de edición genética se apliquen a los seres humanos en el futuro, en un primer momento se aplicarán a curas de enfermedades, enfermedades monogénicas, que podrían resolverse con más facilidad, pero con el tiempo, la tentación de aplicarlas al bio-mejoramiento del ser humano será una tentación muy fuerte. 

Es decir, se aplicará no sólo para corregir enfermedades, sino también para mejorar cualidades fenotípicas y particularmente, como señala George Church, la inteligencia. 

Los genes de la inteligencia

No es tan fácil como parece, porque los últimos estudios que se están haciendo con análisis masivos de genomas muestran que hay más de mil genes, probablemente bastantes más de mil genes, que tienen alguna incidencia pequeña, pero alguna, sobre la inteligencia. Es decir, que no existe el gen de la inteligencia, habría que modificar muchos, pero en fin, por lo menos algunas otras cualidades podrían ser más fáciles de mejorar.

En el 2016, el catedrático George Church organizó una reunión en la Universidad de Harvard de la que la prensa se enteró solo dos días más tarde (esto es siempre sospechoso cuando no avisan inicialmente). 

Había más de 140 científicos, abogados, filósofos, especialistas de diversos tipos, en principio para discutir sobre la conveniencia o no de poner en marcha un proyecto, el proyecto de síntesis artificial del genoma humano, es decir, crear todo el genoma humano en el laboratorio.

Algunos sospechan que no se discutió la mera conveniencia, sino que se puso en marcha el proyecto y que lo dirige George Church. Por cierto, él confía tanto en la eficacia de todas estas tecnologías que el año pasado creó una empresa para alargar la vida de mascotas, de manera que ahora, si uno tiene un perro o un gato al que quiera ver, vivir más tiempo lo puede llevar a la empresa creada por George Charles. Probablemente, le cobrará bastante, pero en principio él promete alargar la vida de estas mascotas. 

La edición de un embrión humano

En el 2017 se editó, por primera vez que se sepa, un embrión humano viable, viable. Embriones humanos no viables se habían editado ya unos meses antes en China.

Pero el primer embrión humano que podría haber sido implantado en un útero, aunque no se hizo porque la ley lo prohíbe, fue editado en el 2017 por Shoukrat Mitalipov. Consiguió en esos embriones, reparar un alelo mutante que causa una cardiopatía bastante común. Consiguió, según su estudio, sustituir ese alelo por alelos normales en todas las células de ese embrión pero el embrión no se dejó desarrollar más de 14 días que es lo que la ley permite.

Inmediatamente, la prensa se volvió loca con el asunto, no como se ocurrió con estas noticias y al día siguiente ya había artículos que normalmente se polarizan en los dos extremos: columnistas que inmediatamente le daban la bienvenida al poshumano que íbamos a crear de la noche a la mañana poco menos con este tipo de tecnologías. 

Y otros columnistas que pedían una prohibición total de cualquier aplicación de esas técnicas al ser humano porque esto abría la caja de Pandora. 

En mi opinión sobre estos asuntos, habría que buscar una posición más sensata. No parece muy coherente alegrarnos de que vaya a venir pronto una especie nueva que nos sustituya, producto de las manipulaciones genéticas que hagamos en el ser humano. Y tampoco, por otro lado, parece muy sensato prohibir esa tecnología de raíz, cuando es una tecnología que tiene un potencial enorme para, por ejemplo, curar enfermedades muy dolorosas y muy terribles para el ser humano. 

Telómeros largos

María Blasco consiguió también, en ese mismo año, en el 2016, alargar los telómeros, la parte final de los cromosomas. Y los telómeros se van acortando a medida que las células de nuestro cuerpo van dividiéndose. De manera que, a medida que va pasando el tiempo, nuestras células van teniendo cada vez telómeros más cortos. Y esa es una de las razones, como hemos dicho antes, por las cuales envejecemos.

Si se consiguiera regenerar esos telómeros podríamos mantener nuestras células en un estado juvenil mucho más tiempo. Y eso lo consiguió María Blasco con ratones. Consiguió ratones con telómeros más largos y, por lo tanto, más longevos que los ratones normales.

Por su parte también ese mismo año, Juan Carlos Izpisúa publicó en la revista Cell un artículo, también muy impactante, y que además fue ampliamente difundido por los medios de comunicación, porque consiguió rejuvenecer ratones, pero esta vez sin tocar los cromosomas, los genes de estos ratones, es decir, sin hacer edición genética, sino mediante modificaciones epigenéticas. Es decir, modificando la expresión de cuatro genes que se conocen como factores Yamanaka. Modificando el modo en que esos genes se expresan, sin tocar los genes en sí mismos, consiguió alargar la vida de ratones en un 30%. Esto en principio podría conseguirse mediante medicamentos.

Si pudiéramos alargar la vida de ratones mediante medicamentos, se abre obviamente la posibilidad de alargar también la vida de seres humanos mediante medicamentos.

Yuval Noah Harari

Cada vez hay más científicos de prestigio que sostienen que este alargamiento de la vida es alcanzable desde el punto de vista científico-técnico. Todo esto ha ido generando además una gran cantidad de literatura popular ligada a esta cuestión. 

Quizás el libro más conocido que dio que dio pábulo a la discusión popular en estas cuestiones fue el libro de Yuval Noah Harari titulado Sapiens, aunque aquí la primera edición la titularon “De animales a dioses”, que en realidad era el subtítulo. No voy a leer la cita de Harari porque es un libro ampliamente conocido y además es muy aconsejable la lectura porque está muy bien escrito. 

Otra cosa es que haya que creerse todo lo que dice Harari, especialmente en los dos últimos capítulos donde habla de estos temas. El éxito fue tal, que en el 2016 Harari publicó un libro dedicado expresamente a esta cuestión, Homo Deus. El título lo dice todo. Es decir, un hombre es un dios y, por lo tanto, es inmortal.

¿Ética especulativa?

A veces a los filósofos, cuando nos dedicamos a hablar de estas cuestiones, se nos acusa de dedicarnos a la ética especulativa, porque no hay ninguna garantía, se nos dice, de que todo esto se vaya a cumplir. Y estamos metiendo miedo en la gente al hablar de esto. 

Hay que decir que no somos los filósofos los que nos dedicamos a hablar de estas cuestiones porque nos guste. Son los propios científicos los que tratan esta cuestión y piden una discusión pública sobre estos asuntos. Como ejemplo de esta actitud, pongo aquí la página web de la BBC en el 2015, el editor científico de esta página, James Gallagher, sacaba un artículo titulado El Debate sobre los diseñadores de bebés debe comenzar, dicen los científicos. O sea que, es verdad que muchas de estas cosas no han ocurrido, pero la posibilidad de conseguir bebés de diseño empieza a ser ya una posibilidad real. 

Y el debate, por lo tanto, debe comenzar y los científicos lo reclaman. En Japón, en octubre del año pasado, se dio también permiso para editar genéticamente embriones humanos. 

Las niñas de He Jiankui

Y el caso más espectacular, porque nadie pensaba que alguien se atrevería a hacerlo en un tiempo tan corto, fue el del científico chino He Jiankui, tristemente famoso por haber hecho lo que ningún científico se atrevió a hacer antes. 

Es decir, no solo editar genes en un embrión humano, sino implantar esos embriones en un útero y permitir que nacieran dos niñas, dos hermanas, que en teoría parece que están inmunizadas genéticamente frente al virus del SIDA. Eso no es del todo cierto, al parecer, porque una de las dos niñas, al menos, todas sus células no han quedado editadas con la variante del gen que permitiría esa inmunidad, con lo cual es un mosaico desde el punto de vista genético, y no está completamente inmunizada. Estas niñas van a tener que seguir tratamiento o vigilancia médica toda su vida. No sé si él se lo explicó así de claro a sus padres. 

Toda la comunidad científica, con muy pocas excepciones, ha criticado duramente lo que ha hecho este científico. De hecho, las propias autoridades chinas lo han expulsado de la universidad y ahora mismo están a resto domiciliario. Y el futuro que le espera en China probablemente no va a ser muy muy boyante. Los únicos que se mostraron más tibios en la condena fueron George Church, el catedrático de genética de Harvard y el director de la escuela médica de Harvard. 

Curiosamente, en Harvard hay científicos que consideran que esto tarde o temprano iba a ocurrir, que este científico se ha precipitado, pero que este tipo de investigaciones siempre tiene sus riesgos y él se ha atrevido a asumirlo. Es decir, que la condena de estos científicos no fue una condena radical, sino que más bien dejaron ver que esto iba a tenía que ocurrir. 

Detrás de estas promesas se está construyendo un movimiento filosófico, cultural, yo diría que ideológico, también incluso religioso, que se conoce como transhumanismo

¿Qué busca el transhumanismo?

El transhumanismo pretende es transformar nuestra especie mediante la tecnología. Ya sea mediante la integración del ser humano en la máquina, la creación del cíborg o mediante la ingeniería genética en embriones humanos o en óvulos y espermatozoides, de manera que se generen modificaciones que luego sean heredables por nuestros descendientes. 

Para los más radicales, el objetivo final es crear una nueva especie, una especie poshumana. Algunos ya le llaman homo excelsior. Se trata ni más ni menos que de la reivindicación del hecho de que el ser humano, gracias a su tecnología, tiene la posibilidad de escapar de la evolución darwiniana y tomar sobre sus propias manos su destino evolutivo

Es decir, ya no tenemos que estar sometidos a los avatares de la selección natural, sino que nuestra tecnología nos permite decidir qué queremos ser, qué tipo de entidad biológica queremos ser en el futuro. Y quizás, en un futuro más lejano, abandonar incluso nuestra propia condición biológica.

Algunos de los representantes más conocidos del transhumanismo: Max More, no se llamaba inicialmente More (more en inglés como saben significa más, se llamaba O’Connor, pero se cambió el nombre justamente para reivindicar su condición de transhumanista). David Pierce, el sociólogo canadiense James Hughes, y uno de los más conocidos transhumanistas, el ingeniero de Google, Raymond Kurzweil, el padre de la idea de la singularidad. 

La singularidad

La idea de la singularidad es una idea muy simple, aunque en fin, bastante desconcertante. Según Kurzweil, la inteligencia artificial seguirá desarrollándose de una forma espectacular en las próximas décadas, y llegará un momento que él sitúa en el año 2045, en el que las máquinas serán capaces de mejorarse en inteligencia a ellas mismas. Y en ese momento, en el momento en que las máquinas puedan hacer máquinas más inteligentes, se producirá una explosión de inteligencia artificial en cuestión de horas, de la noche a la mañana, de manera que entonces tendremos máquinas super inteligentes, que tomarán el control del planeta porque su inteligencia estará muy por encima de la de cualquier ser humano. Ese momento es el que él llama la singularidad. 

Eso es una tesis que genera mucho debate, porque hay muchas dudas de que algo así vaya a ocurrir, ¿no? Y luego yo me preocuparía antes por otras cosas como, por ejemplo, la pérdida de puestos de trabajo producidas por el desarrollo de la inteligencia artificial.

No es motivo para paralizar obviamente la investigación, pero digamos que sí es motivo para preocuparse de forma más realista que de esta supuesta singularidad. Y al lado de Raymond Kurzweil está Natasha Vita More, que es la mujer de Max Moore, y es la presidenta de la mayor asociación transhumanista mundial llamada Humanity +.

La apuesta de Silicon Valley

La mayoría de estos autores, bueno, algunos de estos autores provienen del entorno de Silicon Valley, la Universidad de California, pero otro de los centros de difusión del pensamiento transhumanista es la Universidad de Oxford. En concreto, en la Universidad de Oxford hay dos institutos dedicados al desarrollo y promoción del pensamiento transhumanista

Uno es el Oxford Uehiro Center for Practical Ethics, dirigido por Julian Szabulescu, y el otro que ocupa el piso de abajo, en el mismo edificio, es el Instituto para el Futuro de la Humanidad, que lo dirige Nick Bostrom y que tiene como uno de sus investigadores más importantes también a Anders Sandberg.

Nick Bostrom tiene un libro, traducido ahora al castellano, que es Superinteligencia, donde habla, donde desarrolla las tesis de Kurzweil y se pregunta si tendremos máquinas superinteligentes y qué peligro tiene eso para el desarrollo del ser humano. 

Consecuencias del transhumanismo desde la filosofía

Para terminar, me gustaría solo plantear algunas preguntas filosóficas acerca de las consecuencias que tendría un alargamiento moderado de la vida humana. No digamos ya un alargamiento radical o un alargamiento indefinido. Un alargamiento moderado, digamos, que podamos vivir, como dice María Blasco en un libro reciente con otra autora, que podamos vivir 140 años. El título del libro es Morir joven a los 140 años.

El sentido de una vida… tan larga

Pongamos que podemos vivir 140, 150, 160, 200 años al sumo. Se plantean algunas preguntas y no digamos ya si el argumento de la vida fuera mucho mayor, en un futuro más lejano. Por ejemplo, ¿podríamos dotar de sentido una vida de duración indefinida? ¿Podríamos dotar de sentido una vida de 300, 400 años?

Tendríamos que reinventarnos cada cierto tiempo. ¿Quién aguantaría la misma profesión 100 años?, ¿o la misma pareja 100 años?. Habría que cambiar de hobbies y si eso es así podríamos mantener el mismo estado de felicidad a lo largo de toda esa vida. 

Todo se hace por primera vez, sólo una vez. Uno puede leer El Quijote la primera vez, sólo una vez. Uno puede bañarse en el mar o ver el mar por primera vez, sólo una vez, etc. Una vida de duración indefinida, o muy alargada, llegaría un momento en que sería una reiteración de experiencias. Sería muy difícil encontrar experiencias nuevas. Por eso, Borges escribía en un tono bastante pesimista.

Todo entre los mortales tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los inmortales, en cambio, cada acto y cada pensamiento es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables despejos. 

Borges, en el cuento El inmortal, dibuja una perspectiva muy poco halagüeña para los inmortales. 

Transhumanismo e identidad personal

Luego habría otro problema, mi identidad personal. Si conseguimos alargar la vida varios centenares de años ¿Sigo siendo yo todo ese tiempo? Si me he tenido que reinventar varias veces, ¿qué tiene que ver conmigo esa persona que vive en mi cuerpo después de 200, 300 años, pero que ya ni tiene mis hobbies, ni tiene mis amigos, ni tiene mi profesión, ni tiene mis gustos, ni se parece prácticamente nada a mí? ¿Sigo siendo yo?.

Y si no se parece en nada a mí, ¿por qué me tiene que interesar su destino, su futuro, su existencia? 

Alguien diría, bueno, vamos a ver, la identidad personal se sigue manteniendo porque no ha habido una ruptura. Somos muy diferentes del niño que fuimos y a veces nos costaría reconocernos en aquel niño, pero eso no significa que no seamos de alguna manera todavía ese niño. Sí, pero multipliquemos eso por diez o por veinte.

Podría haber un momento en que ya no fuéramos nada similar a aquella otra persona. Las relaciones familiares también se verían trastocadas. A las personas que consiguen tener bisnietos, ya les cuesta tener una relación muy familiar con los bisnietos, imaginemos tratar a nietos o descendientes todavía más lejanos, ¿Qué relación mantendríamos con ellos? ¿Qué relación mantendríamos con nuestros hijos después de 200 años? ¿Los seguiríamos viendo? ¿Lo seguiríamos considerando nuestros hijos? ¿Qué consecuencias tendría todo esto para generaciones y futuras y para el medio ambiente? 

Transhumanismo, demografía

Es obvio que si la gente deja de morirse tienen que dejar también de nacer niños, porque si no esto se empieza a llenar, y no hay recursos para todos. Los transhumanistas dan soluciones un poco extrañas para esto, han propuesto reducirnos de tamaño para que quepa más gente. 

O han propuesto incentivar el suicidio. Si alguien se quiere suicidar, tiene los dos últimos años todo pagado. El Estado le paga todo, pero luego se tiene que quitar de en medio para dejar sitio para un niño. 

No parecen que sean soluciones muy realistas. Y obviamente habría problemas sociales adicionales, del empleo, etc.

El cerebro

Otro problema. El cerebro, aunque mantenga jóvenes todas sus células, sigue siendo un cerebro que experimenta cosas, y tiene ya una gran experiencia al cabo de un tiempo. 

Nunca volverá a ser el cerebro fresco, imaginativo, creativo que fue en la juventud. 

Hay ramas de la ciencia o del arte, como las matemáticas o la poesía, donde se dice que lo que no hayas hecho a los 25 años ya no lo vas a hacer, porque en esa edad está el momento más creativo del cerebro humano. ¿Podríamos llegar a convertirnos en cuerpos jóvenes con mentes viejas?, con mentes muy conservadoras, muy apegadas al pasado, con poca visión de renovación por el futuro.

Transhumanismo y brecha social

Y luego, la última objeción, la que más se repite y que también es muy preocupante, es la del acceso desigual a estas tecnologías. Obviamente, esas tecnologías no son baratas y difícilmente lo van a ser en algún momento, al menos próximo. Sólo los más ricos tendrán acceso a ellas y esto creará una casta no sólo separada sociológicamente y económicamente del resto de la humanidad, sino separada también biológicamente

Por eso, dice John Gray en Qué nos depara el transhumanismo, que lea a Homero, los viejos dioses griegos rodeados de mortales que anhelan la protección de esos dioses. Eso sería un futuro bastante distópico y bastante desagradable en mi opinión. 

Bueno, lo dejo aquí. Muchas gracias.

Dr. Antonio Diéguez

Mi valoración “humanista”

Vuelvo a ser Guillem ¿Qué te ha parecido? Buen debate el que deja el Dr. Diéguez. Personalmente, pienso que alterar profundamente la biología del ser humano hasta el punto de crear un nuevo ente es algo que debe debatirse. No niego el uso de la biotecnología para paliar enfermedades, eliminar el dolor, pero de ahí sale la pregunta ¿quién quiere vivir para siempre? Yo no. 

Desde la perspectiva de la marca personal, entendida como la huella que dejamos, ese legado, planteo el reto siguiente:

Si quieres una dejar marca eterna no necesitas vivir eternamente, solo hacer cosas grandes

La verdad, tener un currículum que diga cosas como “400 años de experiencia laboral” no me seduce. Me parece bien que un control del medio ambiente, una mejora en la alimentación y otros hábitos saludables nos hagan más longevos. Pero me parece trágico que cuerpo y mente no evolucionen en paralelo, y que el cuerpo se mantenga joven mientras la mente ve pasar los años. 

En lo que me concierne, la marca personal, lo que necesitamos no es prolongar la vida eternamente, es hacer cosas que mejoren los años que podemos vivir, dejar marca. Y esa marca nos trasciende. Diseña un buen propósito, ponlo en acción a través de una misión personal, y crea cosas que nos ayuden a ser mejores… sin renunciar a nuestra condición humana.

Me encantaría conocer tu opinión sobre este debate. Te dejo con «Who wants to live forever». Feliz semana.

Stock photo by chaoss on Shutterstock.com

Nota: no he utilizado ChatGPT para redactar este artículo, pero sí una herramienta muy eficiente de transcripción de audio a texto que utiliza inteligencia artificial que puedes encontrar en https://riverside.fm/transcription

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2 comentarios en «Transhumanismo ¿Quién quiere vivir para siempre?»

  1. ¡Absolutamente espectacular, Guillem este post! Cuanta información y qué debate tan interesante. Por si no la has visto, te recomiendo la serie de HBO «Years & Years» en la que uno de los personajes transiciona hacia el transhumanismo. No es algo que esté muy lejos. Desde luego, si es posible alargar la vida, con calidad… ¡Adelante! Es mi sincera opinión. Creo que «mens sana in corpore sano» sería un futuro por el que muchos firmaríamos. Siempre hay cosas por hacer… Otra cosa es que, con el actual sistema (de pensiones, por ejemplo), sería inviable.
    Gracias, de verdad, y -una vez más… ¡Enhorabuena por el contenido!

    Responder
    • Gracias Jesús por tu valoración, soy muy fan de Antonio Diéguez y su explicación del transhumanismo. No he visto “Years & Years”, pero la pongo en mi lista de favoritas.

      Totalmente de acuerdo con lo de “mens sana in corpore sano”, creo que la biotecnología nos puede ayudar a vivir mejor los años que nos queden, y claro, puestos a pedir, que sean muchos. La advertencia de los filósofos y humanistas es que el transhumanismo puede cambiarnos como especie hasta dejar de ser humanos. Un fuerte abrazo!

      Responder

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